La diferenciación sexual requiere durante la vida fetal el encadenamiento de una serie de procesos en cuya determinación y regulación interviene un gran número de genes que codifican la síntesis de factores de transcripción, factores de crecimiento, enzimas y hormonas. Clásicamente se han distinguido tres etapas o niveles de diferenciación sexual: el sexo genético, el sexo gonadal y el sexo genital que quedan determinados durante el periodo fetal.
El sexo genético queda determinado en el momento de la fertilización del ovocito por el espermatozoide. Dependiendo de la constitución gonosómica del espermatozoide, quedará determinado el sexo genético masculino XY o el femenino XX.
Durante las seis primeras semanas de vida fetal las estructuras sexuales son idénticas en los dos sexos y consisten en el «ribete» gonadal o genital que dará lugar al testículo y al ovario, las células germinales que penetran en la gónada indiferenciada y que darán lugar a espermatocitos y ovocitos, dos pares de conductos, denominados de Wolff, que darán lugar a los genitales internos masculinos, y de Müller, que darán lugar a los femeninos, los genitales externos constituidos por el tubérculo genital, los pliegues labioescrotales y uretrales y
el seno urogenital.
Una diferenciación sexual exitosa depende de un buen control genético, donde participan no solo genes ubicados en los cromosomas, sino también los autosomas, encargados de la diferenciación tisular de los órganos que en ella participan (gónadas, hipotálamo, hipófisis, suprarrenales, tejidos blancos de los esteroides sexuales) y de la adecuada producción y funcionamiento de las enzimas de la esteroidogénesis.
Cualquier alteración en cualquiera de estos actores redundará en una inadecuada formación de los órganos genitales internos y/o externos. El fundamento de la genética esta contituido por las Leyes de Mendel. Estas leyes son un conjunto de reglas básicas sobre la transmisión por herencia de las características de los organismos padres a sus hijos. Las leyes se derivan del [[#|trabajo]] realizado por Gregor Mendel publicado en el año 1865 y el 1866 aunque fue ignorado por largo tiempo hasta su redescubrimiento en 1900. Anomalías en hembras (XX) Anomalías en machos (XY) Anomalías trisómicas
El sexo genético queda determinado en el momento de la fertilización del ovocito por el espermatozoide. Dependiendo de la constitución gonosómica del espermatozoide, quedará determinado el sexo genético masculino XY o el femenino XX.
Durante las seis primeras semanas de vida fetal las estructuras sexuales son idénticas en los dos sexos y consisten en el «ribete» gonadal o genital que dará lugar al testículo y al ovario, las células germinales que penetran en la gónada indiferenciada y que darán lugar a espermatocitos y ovocitos, dos pares de conductos, denominados de Wolff, que darán lugar a los genitales internos masculinos, y de Müller, que darán lugar a los femeninos, los genitales externos constituidos por el tubérculo genital, los pliegues labioescrotales y uretrales y
el seno urogenital.
Una diferenciación sexual exitosa depende de un buen control genético, donde participan no solo genes ubicados en los cromosomas, sino también los autosomas, encargados de la diferenciación tisular de los órganos que en ella participan (gónadas, hipotálamo, hipófisis, suprarrenales, tejidos blancos de los esteroides sexuales) y de la adecuada producción y funcionamiento de las enzimas de la esteroidogénesis.
Cualquier alteración en cualquiera de estos actores redundará en una inadecuada formación de los órganos genitales internos y/o externos.
El fundamento de la genética esta contituido por las Leyes de Mendel. Estas leyes son un conjunto de reglas básicas sobre la transmisión por herencia de las características de los organismos padres a sus hijos.
Las leyes se derivan del [[#|trabajo]] realizado por Gregor Mendel publicado en el año 1865 y el 1866 aunque fue ignorado por largo tiempo hasta su redescubrimiento en 1900.
Anomalías en hembras (XX)
Anomalías en machos (XY)
Anomalías trisómicas